EL VALOR DE LAS LETRAS

    

Cuando Sonsoles tuvo edad suficiente para empezar a conocer las letras, despertó, ante ella, un mundo nuevo. Primero fueron aquellas palabras que asociaba a su imagen. Después vinieron las frases. Poder leer que su mamá la amaba le dio la certeza de que jamás estaría sola. 

Cada vez que veía algo escrito, pedía con insistencia: ¡Déjame leer! Así fue conociendo a ogros y brujas, princesas y reyes, animales que hablaban y objetos que se movían, y su pequeña cabeza se fue llenando de historias fantásticas. Hasta que, un día, su mamá se fue al lugar de dónde no se vuelve jamás. Sonsoles, sin entender realmente por qué ya no podía verla, la buscaba entre las nubes, bajo la lluvia, al final del arco iris. Su único consuelo eran los libros, cuyos relatos lograban que se evadiera, la consolaban, y le enseñaron a aceptar su realidad. En aquel momento, Sonsoles creció, pero no físicamente. Al fin y al cabo, seguía siendo una niña de nueve años. Me refiero a su madurez, a su carácter. Se volvió taciturna, dejó de querer jugar con otros niños, y se aisló entre sus libros. Los que la veían siempre leyendo le decían: Te va a pasar como a Don Quijote, y se reían. Ella los ignoraba y se concentraba aún más en la historia que tuviese entre las manos. Con el tiempo, Sonsoles empezó a notar que las personas se parecían mucho a los personajes sobre los que leía, y se dedicó a observarlos con curiosidad, pasando de leer a inventar sus propias historias. Así, escribió sobre un hombre malo que pegaba a sus hijos, sobre una niña que envidiaba a su amiga, sobre dos jóvenes enamorados cuyas familias estaban en contra de su relación, sobre un perro que seguía fielmente a su dueña cuando iba a trabajar...Y un día, escribió sobre su madre, sobre el recuerdo que tenía de ella, sobre cómo le fue enseñando, con infinita paciencia, todas y cada una de las letras. Entonces, solo entonces, se permitió respirar sin angustia. Había entendido que ella estaría siempre a su lado, en cada libro que leyera, en cada relato que escribiera. Y Sonsoles regresó al mundo con una sonrisa y el corazón lleno de historias.





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