EL OVILLO

 


     Gerardo daba vueltas alrededor de la manzana, tratando de recordar dónde estaba su casa. Cada esquina le resultaba familiar, pero no lo suficiente como para lograr orientarse. Y mientras sus piernas cargadas de años se agotaban con cada paso, su cabeza se convertía en una maraña de pensamientos, imposible de desenredar. Al final, qué era sino un ovillo perdiendo los colores y dejándose arrastrar por el aire de su agitada respiración...

PRISIONERO

 

Amor,

sácame de aquí

que no puedo ver el mar.

Ellos me llevaron preso

sin yo saber el por qué,

sin decirme una palabra,

sin poderme defender.

Amor,

sácame de aquí,

que solo veo unos muros

llenos de hollín y de hiel.

Me encerraron sin razones,

solo por querer decir,

por pensar tan diferente,

siendo este mi país.

Amor,

¡sácame de aquí!

porque me falta hasta el aire,

y ya noto entre sueños

que el mar va dentro de mí…