Una vez
leyó en algún sitio que no recordaba: La vida es como las palabras cruzadas.
A veces, buscas y buscas, das vueltas entre las letras, pero no encuentras
nada, hasta que, de repente, ahí está, claro como un día de sol, el vocablo. Y en
tu mente, todo se ilumina.
Pensó en
cómo era su existencia, en los giros inesperados, en los baches, en los
laberintos por los que se había perdido. Y se dio cuenta de que, en realidad,
nunca había cambiado su punto de vista, así que, poniéndose cabeza abajo,
comenzó a andar con las manos.

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