AMOR ETERNO

 Ellos se juraron amor eterno una madrugada, con el cielo raso, cubierto de estrellas, como testigo. Tomados de la mano, bajaron la montaña, dejando los besos en cada pisada. Al llegar a la orilla del mar, él se vistió su ropaje de lobo y ella el suyo de sirena. Se miraron intensamente, se acariciaron una última vez y ella, mientras sus lágrimas se mezclaban con las olas, se adentró en el agua, antes de que aquel instinto asesino y carnívoro hiciera lo inevitable. Él, el lobo enamorado, aullaba a la noche, desconsolado.