El viejo


En París también llueve. 
El frío cubre las calles
ajenas a la miseria. 
Ruedan, veloces, los autos
sin mirar,
sin detenerse. 
Y en un portal, 
resguardado,
un viejo, a ratos, dormita. 
Teme perder lo más preciado,
sus manos, 
sus pies, 
toda su vida. 
Y se envuelve con su manta,
y se acuesta entre cartones.
Porque en París también llueve
desbordando las avenidas. 

LA CASA


 Aquella casa, pequeña y destartalada, guardaba secretos de décadas, ocultos bajo los gritos, los llantos, los juegos infantiles y las risas, pero a salvo bajo la triste mirada  de ella. Cuando se fue, demasiado pronto, la abuela, las maderas de la casa gemían por los rincones. 




LOS SILENCIOS

 

     


    Ella se acostumbró a callar en un mundo donde todo era ruido. Observaba en silencio, ahogándose en sus dudas, temores, tristezas y sinsabores, de tal manera que, al intentar hablar, las palabras se atascaban en su boca. Así aprendió a ser invisible, buceando en su callado mundo. Y la tacharon de tímida, de introvertida pero, para ella, eran tan solo etiquetas que la salvaban de todos, menos de sí misma.