EL AEROPUERTO

     Ella esperaba, como siempre, por los demás. Sentada en el duro e incómodo asiento del aeropuerto, con su abrigo desgastado por el uso, y las manos en los bolsillos para que nadie notara lo estropeadas que las tenía, contemplaba las idas y venidas de los viajeros, los reencuentros cálidos y afectuosos, las pancartas, los gritos de júbilo, las expresiones risueñas, los besos de los enamorados… Y por un momento se imaginaba que era la madre que llegaba, la hija que volvía a casa, la hermana o la amiga que regresaba de un largo viaje, y se veía a sí misma cargada de maletas y con el rostro alegre y dichoso…
     Y mientras ella estaba absorta en sus pensamientos, en la pantalla se anunciaba la llegada del vuelo. El corazón le dio un salto y suspiró aliviada. Por fin habían llegado. Se levantó y se encaminó hacia la puerta, preparando sus brazos para un fuerte abrazo de bienvenida, mientras en el asiento quedaban sus sueños rotos, sus ansias de estar en el otro lado, aunque fuera por una vez, y que alguien, con la sonrisa de oreja a oreja, le regalara un caluroso recibimiento.


VEINTIÚN AÑOS

     Él se recostó en la cama, la cabeza apoyada en la pared, y el móvil en la mano. Debería haber estado estudiando...pero se le hacía tan pesado... Eran tantas las leyes, y cambiaban tanto de un año para otro, que parecía que no iba a terminar nunca...
     Miró a su alrededor. Quizás era el momento de recoger el cuarto...Su madre se lo había dicho muchas veces...Pero él siempre encontraba una excusa para no hacerlo...Y ahora estaba allí, tumbado, con el móvil, mandando mil y un mensajes a sus amigos...Cualquier cosa con tal de no levantarse, de no arrancar de ese tedio que le aplastaba algunos días...Tal vez en la tele estén dando algún partido. Podría cambiar la cama por el sillón, pensaba, mientras su cerebro ordenaba a sus músculos que se levantasen.
     Y así dejaba pasar el día, sin darse cuenta de lo triste que es tener solo veintiún años y que ya te pese la vida…


ADOLESCENCIA

     Discutieron, como casi siempre, por una tontería. Ella, la madre, alzó la vista al cielo pidiendo paciencia. Ella, su hija de diecisiete años siguió lanzando una perorata ininteligible, mientras se giraba y abandonaba la cocina, para oírse, acto seguido, un portazo. Sabía que se había encerrado en su habitación, y que habría calma el resto de la tarde. Luego saldría como si nada hubiese pasado, con su sonrisa angelical, sus abrazos y sus mimos. Pero ella estaba cansada... Cansada de una adolescencia sin fin, de peleas interminables, de caprichos sin medida... Dejó el paño de cocina sobre la silla, se quitó el delantal, y cogió las llaves del coche. Necesitaba despejarse.
     Condujo por la carretera casi desierta a aquella hora del mediodía. Además, llovía a cántaros. Pensaba en sus cosas, cuando otro coche salió de repente de una curva, por su carril...No pudo esquivarlo...No tuvo tiempo de reaccionar...El impacto fue brutal...Tan solo pudo pensar en la sonrisa de su hija desvaneciéndose en el aire...

     Poco después, en su casa, sonaba el teléfono con insistencia...