DOS BOMBONES

 





                                                                                 

          Cada noche, después de la cena, la mujer del pijama largo saca del armario la caja alargada y escoge dos bombones, siempre dos y siempre distintos. Se sienta en su sillón favorito y desenvuelve el primero. El mundo se detiene mientras ella lo muerde a trocitos, dejando que se deshaga en su boca. Luego es el turno del segundo. Ahí se demora un poco más, como si de esa manera pudiera durar eternamente. En esos momentos no importa cómo haya sido su día, si sus fuerzas han estado al límite o si se ha sentido eufórica. Solo sabe que allí, en la tibia quietud de su hogar, el dulce placer la sostendrá una noche más, impidiéndole caer.








 

EL DESTELLO

 

      Desde su ventana, la mujer del pañuelo rojo y el collar de plata contemplaba al hombre que, en el borde del acantilado, lanzaba el sedal. Con una fuerza inaudita para su delgado cuerpo, sus brazos hacían un giro logrando que volara la boya, cayendo entre la espuma del mar revuelto. De pronto, el sol contra la ventana reflejó, con un destello, el collar. El hombre, al sentirlo, levantó la cabeza, justo en el momento en el que un gran pez mordía el anzuelo y escapaba veloz. La mujer solo vio un cuerpo que volaba sin control.



(imagen hecha con IA)

VALENTINA

 




          Valentina lo observaba todo con esos ojos en los que cabía el mundo. Pero el mundo la abandonaba cada tarde, dejándola sumida en el más profundo desconcierto.


DÉJAME

 




Déjame enjugar tu rostro

con mi pesar más sincero.

Déjame acunar tu pecho

y que una nana te cante.

Déjame sentir tu cuerpo,

despojarlo de ese frío

que te consume los huesos,

que te abandona al destino.

Déjame tomar tus manos,

acariciar tus sentidos

por si se pierde tu rumbo

para que encuentren su sitio.

Déjame mirar tu rostro

que va ocultando mis miedos

por no poder encontrarte

y tampoco regresarte.

Déjame llorar la ausencia,

despojar todo recuerdo

de sensaciones vacías

y de mil lágrimas esquivas.


(Dedicado a todos los que han sufrido la pérdida de un ser querido)


MUJER SOLA

 



Hoy he visto a una mujer

que hablaba sola por la calle,

con su yo se debatía,

reivindicaba algún hecho,

a carcajadas reía

gesticulando, 

andando,

mirando sin mirar la vida.

Hoy he visto a una mujer

avanzando,

resistiendo,

acaparando respuestas

de las que llevaba el viento.

Hoy he visto a una mujer

escuchando su silencio

y he creído que era yo

rumiando mi desaliento.


LA MUJER DEL CUARTO PISO

 

     La mujer del cuarto piso solía asomarse a la ventana, no para espiar a nadie, solo para escuchar la vida. En una casa tan silenciosa como la suya, cualquier voz, cualquier risa, era bienvenida.

     Una tarde de verano, mientras trataba de leer un libro acunada por el sopor de aquellas horas, escuchó una conversación. Era una voz de mujer, joven, hablando por teléfono. Estaba alterada. Por sus palabras, al otro lado de la línea debía de estar su pareja. La mujer del tercero comprendió que la chica se había quedado embarazada y que no quería o no podía tener a ese bebé, pero le reprochaba a él que se desentendiera y no la acompañara cuando, al día siguiente, le metieran las agujas, como ella decía. En ese punto, la mujer cerró la ventana. Un dolor sordo se había instalado en su vientre. Comprendía demasiado bien a la joven, y pensó que ojalá aquello no hubiera sucedido. Pero los errores se pagan. Y cada día del resto de su vida soñaría con el rojo carmesí de su sangre.



AGUARDANDO

 

Uno a uno

se van desgranando

los pasos ausentes,

las voces lejanas,

las miradas opacas.

Uno a uno,

cada ser

que entra y sale,

va dejando,

sin querer,

un incómodo y forzado

vacío en el aire.