Ella siempre había sido fuerte. Lo fue cuando la sordera le impedía comunicarse con los demás, cuando se puso los audífonos por primera vez sin saber si funcionarían, cuando emigró a un país extraño tratando de dar a su familia una vida mejor. Lo fue cuando su compañero de vida se marchó antes que ella, cuando se sintió maltratada por sus hijos, cuando decidió jubilarse y dedicarse a lo que más le gustaba, cuando sintió el peso de la soledad. Porque ella siempre había sido fuerte. Pero el día que le descubrieron un bulto en el pecho, tembló…porque no sabía… Y vinieron pruebas, analíticas, exploraciones, hasta que, irremediablemente, acabó en la mesa de operaciones. Al despertar de la anestesia y descubrir que no tenía senos, respiró hondo, a pesar del dolor. Aquellas cicatrices de lado a lado se convirtieron en su punto más fuerte. No tenía pechos, es cierto, ¿y qué más daba? Estaba viva. Daba gracias cada día por seguir respirando y por permitirle seguir siendo fuerte, a pesar de todo…

No hay comentarios:
Publicar un comentario