Y
volvieron los encuentros,
los
abrazos y los besos,
las
caricias reprimidas,
los
saludos decididos,
el
contacto deseado.
Volvieron,
sí, tantas rutinas,
tantos
gritos apagados,
tantos
sueños idealizados,
tantos
te quiero velados.
Pero
también regresó
la
brutal indiferencia,
olvidar
a los vecinos,
bucear
en amistades,
sobrevivir
al destino.
Regresó,
sin querer,
todo
lo que odiamos,
las
rencillas,
las
envidias,
las
mentiras insolentes.
Porque
nada se aprendió
ni
pudo, acaso, mejorarnos.
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