Con el tiempo aprendes
cuánto vale el silencio,
las palabras ocultas,
las lágrimas derramadas.
Y, a ratos, aprendes
que el abrazo te encadena,
que los besos te transforman
y que el roce te aprisiona.
Con el tiempo aprendes
que cada deuda se paga
aunque tu vida y tú
se desdibujen en la nada.
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