ADOLESCENCIA

     Discutieron, como casi siempre, por una tontería. Ella, la madre, alzó la vista al cielo pidiendo paciencia. Ella, su hija de diecisiete años siguió lanzando una perorata ininteligible, mientras se giraba y abandonaba la cocina, para oírse, acto seguido, un portazo. Sabía que se había encerrado en su habitación, y que habría calma el resto de la tarde. Luego saldría como si nada hubiese pasado, con su sonrisa angelical, sus abrazos y sus mimos. Pero ella estaba cansada... Cansada de una adolescencia sin fin, de peleas interminables, de caprichos sin medida... Dejó el paño de cocina sobre la silla, se quitó el delantal, y cogió las llaves del coche. Necesitaba despejarse.
     Condujo por la carretera casi desierta a aquella hora del mediodía. Además, llovía a cántaros. Pensaba en sus cosas, cuando otro coche salió de repente de una curva, por su carril...No pudo esquivarlo...No tuvo tiempo de reaccionar...El impacto fue brutal...Tan solo pudo pensar en la sonrisa de su hija desvaneciéndose en el aire...

     Poco después, en su casa, sonaba el teléfono con insistencia...

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