EL SASTRE

              Tenía fama de ser el mejor sastre de la ciudad. Aunque ya se vendían las ropas confeccionadas, los hombres seguían acudiendo a él para encargarle camisas, pantalones, chalecos, trajes, y cualquier cosa que sus manos fuesen capaces de hacer. Y mientras les tomaba las medidas, o mientras les probaba, los hombres le contaban sus vidas, sin darse cuenta de que el sastre también les cosía sus sueños rotos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario