AUTISMO

     Ella caminaba llevando de la mano a sus dos mellizos, a él, del lado derecho, a ella, del lado izquierdo. Iban despacio, al ritmo meticuloso de los niños que, ajenos al tiempo, se paraban en cada piedra, cada flor, cada hoja, cada hueco destartalado del camino. De vez en cuando, él daba un grito. Su hermana lo miraba y se reía. Su madre, la adulta distante de aquellos juegos incomprensibles, sentía su corazón romperse de dolor. ¡Cuánta ausencia en las miradas, en aquellos, a veces, fríos mundos solitarios! Pero de repente, cuatro pequeñas manos se abrazaban a sus piernas, y el sol volvía de nuevo a calentar…

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