PREGUNTAS

     A menudo, la mujer de la camisa blanca se preguntaba por qué. ¿Por qué se fueron? ¿Por qué me ignora? ¿Por qué me quiere? Eran demasiados por qué para un momento. Pero cuando comenzaba a llover, ella salía a la calle, a dejarse empapar del agua fresca. Y ella, la lluvia, se llevaba sus preguntas sin respuestas. Y siempre, al salir de nuevo el sol, le crecía un arco iris en la mirada. 

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