Siempre presintió que ella era
diferente, tal vez por su pelo rizado, tal vez por sus ojos rasgados color
avellana o tal vez por el suave tono de su voz. Nacida a su suerte, nunca supo
lo que era una caricia, una palabra amable, una sonrisa cálida.
El día en que lo conoció y él le
dijo que su piel le recordaba al chocolate por su color y su dulzura, por
primera vez ella descubrió lo que era derretirse por amor…
No hay comentarios:
Publicar un comentario