A
veces, hay personas que, sin saberlo, sin presentirlo, van perdiendo poco a
poco la memoria. Otras pierden las palabras, agazapadas en los resquicios más
remotos de sus mentes, y se instala en ellas un silencio pesado y triste.
A
veces, esas personas te miran, y sus ojos apenas muestran el vacío de quien se
extravió en su propia nebulosa. Y es entonces, en ese preciso instante, cuando
tu corazón estalla en mil pedazos. Solo el tiempo, compañero incansable del
camino, podrá apaciguar tu duelo, convirtiendo la pena en los más bellos
recuerdos.

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