La tarde de la tragedia comenzó con una lluvia
suave pero persistente. La mujer de ojos castaños contemplaba los negros
nubarrones con preocupación. Habían anunciado ligeras lloviznas, pero aquellos
charcos que se estaban formando en las aceras y en el asfalto daban muestra de
algo más intenso.
Hacia la medianoche, los relámpagos iluminaban el
cielo, mostrando la cortina de agua que caía, en tromba, sobre la ciudad. Y de
repente, el estruendo. Tras la ventana de la cocina, la insomne mujer fue
testigo de la crecida del río, arrastrando a su paso coches, contenedores,
arbustos arrancados...En medio de ese caos, los gritos anónimos pidiendo
auxilio a personas que nada podían hacer por ayudarlos…
Ella, la mujer de los ojos castaños, se sujetaba
con fuerza a su bastón, con terror, y en el mismo instante en que buscaba en un
cajón una linterna que la sacara de la oscuridad reinante, el agua del río
rompió con fuerza los cristales de las ventanas, inundando toda la vivienda. No
tuvo tiempo de reaccionar. Un golpe en la cabeza, al caer, la dejó
inconsciente, sumergida en los recuerdos de una vida que flotaba a merced de
las aguas.
Afuera, continuaba la tragedia...

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