En París también llueve.
El frío cubre las calles
ajenas a la miseria.
Ruedan, veloces, los autos
sin mirar,
sin detenerse.
Y en un portal,
resguardado,
un viejo, a ratos, dormita.
Teme perder lo más preciado,
sus manos,
sus pies,
toda su vida.
Y se envuelve con su manta,
y se acuesta entre cartones.
Porque en París también llueve
desbordando las avenidas.
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