Ella se acostumbró a callar en un mundo donde todo era ruido. Observaba en silencio, ahogándose en sus dudas, temores, tristezas y sinsabores, de tal manera que, al intentar hablar, las palabras se atascaban en su boca. Así aprendió a ser invisible, buceando en su callado mundo. Y la tacharon de tímida, de introvertida pero, para ella, eran tan solo etiquetas que la salvaban de todos, menos de sí misma.

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