Ella dormita junto a la ventana, con la
pierna estirada. El sol de la mañana calienta su pie convaleciente. Abajo, el
mar golpea con fuerza las rocas. A ratos, ella abre los ojos y lo observa, en
su furioso devenir, dejando un rastro de espuma blanca... Contempla también a
las aves que vuelan sobre el intenso azul, en busca de alguna presa... Y
mientras se relaja, sus pensamientos fluyen, a otra época, a otro lugar, con
otra gente, y se entremezclan en su cabeza, sintiendo el latir acompasado de su
corazón. Ha vivido mucho... Pero nada cambiaría por este momento de paz,
mirando al mar, añorando a quien no
está...
Y mientras su mente vuela con las aves, su pie
doliente se deja acariciar por el tibio sol de una mañana de invierno, junto a
una ventana a orillas del mar...
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