SOLA

Ella sale a pasear, sola, como cada tarde. Lleva en su mochila el peso de los años, del dolor de antaño, de los sueños rotos. Camina entre la gente, observa sus rostros y busca una esperanza, una chispa de ilusión. De pronto, unos ojos infantiles se posan en los suyos. Una boca entreabierta le sonríe. Ella le corresponde. Y siente su alma más ligera. Recuerda entonces otras miradas, otras sonrisas, otras manos infantiles sujetando las suyas cuando estaba a punto de caer. Y comprende que ahí está su fuerza, en el trabajo diario, enseñando a sus pequeños el difícil arte de crecer. Suspira y reemprende la marcha, esta vez con paso firme. Mientras haya infancia, piensa, habrá esperanza… Y camina siguiendo el compás de una nana que tararea para sí misma. Mientras hay quien la observa meneando la cabeza, ella se mira las manos y las encuentra bonitas. Se contempla en un escaparate y se sonríe. Los otros, los que no saben, siguen agitando de lado a lado la cabeza, pero ella es guapa, es joven a pesar de los años, y sabe que mañana, cuando salga el sol, habrá tiempo de nuevo para enseñar a vivir. 

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