Ella escribe en cuartillas blancas,
amontonadas sobre la tosca mesa de madera. Ante sus ojos, un prado de verde
hierba mecida por la suave brisa, y al fondo, la imponente montaña.
El cielo está azul. Y ella escribe,
mientras enreda, pensativa, su largo pelo, en el dedo índice de la mano
izquierda. Escribe sobre su vida, sus penas, sus amores. Escribe sobre el
destino que la forzó a verse así, sola, sentada en un banco, mientras plasma en
papeles impolutos sus vivencias. Mas el viento es traicionero. Se levanta, de
repente, y arranca de sus manos las blancas palomas quienes, abriendo las alas,
emprenden el vuelo, dejando el prado cubierto de verbos, de adjetivos, de algún
que otro interrogante y de muchos puntos suspensivos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario