EL COLUMPIO

Sentada en el columpio, con sus pies al viento, se balanceaba. Sus pequeñas manos se aferraban a la cuerda gastada. Sus cabellos volaban, delante, detrás, en un juego rítmico de impulsos y suspiros. Su vestido rojo, cada vez menos rojo, cada vez menos vestido, se iba deshilachando en cada vaivén, y sus pies de arena se iban perdiendo en un remolino de aire y misterio. Al final, tan solo un cuadro vacío: el cielo, las nubes y quieto el columpio esperando otro niño...

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