HAMBRE

              Aquella mujer era una comedora insaciable. A cualquier hora, en cualquier lugar, su voraz estómago reclamaba y rugía. Pero también era una adicta a la lectura. Cualquier cosa digna de ser leída era pronto atrapada por sus ojos, novelas, poesías, ensayos, biografías, tebeos, cartas…

              Cuando aquella noche agotó todas sus provisiones, sin pensarlo, abrió el primer libro y, lentamente, comenzó a saborear cada palabra. 

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