DESPEDIDA

Una vez más, una mañana más, aparcó su coche y se dirigió a la clínica. Abrió la puerta de cristal y el olor a desinfectante le llenó por completo. Otro día para enfrentarse a la muerte, para vencer las dificultades, para sonreír ante el trabajo bien hecho. Contempló las fotos de sus pequeños pacientes, aquellos a los que había salvado. Sus ojos, tan tiernos, parecían expresar tanto…
Fue a su despacho, que a esa hora aún estaba en penumbras, y reparó en una carta que alguien había dejado sobre su mesa el día anterior, pero ni siquiera había tenido tiempo de leer. Se sentó, encendió la luz de la mesa, la abrió y dejó que sus ojos se deslizaran por las palabras:
Para Jorge
Hoy no es cualquier día. Hoy me he ido para siempre. Por eso, quiero dejar unas palabras, no de despedida, sino de agradecimiento.
He estado enfermo algún tiempo, el corazón, según dijeron. Y eso, amigos míos, no tiene cura… Pero he recibido los mejores cuidados, no solo en casa, sino también en el veterinario. ¡Ah!, no lo había dicho… ¡Soy un perro! Pues como decía, mi veterinario se llama Jorge y ¡es el mejor! Y por todo lo que hizo por mí, quiero darle las gracias.
¡Gracias! Por las manos atentas que me auscultaban. ¡Gracias! Por las manos cariñosas con las que me tranquilizabas. ¡Gracias! Por los oídos solícitos con los que escuchabas las amargas preocupaciones de mi dueña… ¡Gracias! Por estar siempre ahí, por tu ética profesional, por tu humanidad en los más duros momentos… ¡Y gracias por darme un digno final!
Hoy ya descanso, pero para mí siempre serás mi amigo Jorge y siempre seré tu Lukas “el Terrible”. No cambies, amigo, muchos otros te necesitan.
Lukas. 7-7-2016

Cuando terminó de leerla, las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Muchas mascotas habían pasado por sus manos, pero aquel perro era especial. Aún recordaba sus temblores cada vez que venía a su consulta. Era una pequeña fiera, pero tenía sus motivos… Sin embargo, era un luchador nato… Hasta que se cansó… No hubo más remedio. Tuvo que hacerlo… Era la parte más amarga de su profesión… Pero él la había elegido. Respiró hondo. Se secó la cara y apartó de su mente los recuerdos. Otras vidas lo esperaban y no podía fallarles. Abrió la puerta y salió a la luz de otro ajetreado día. 

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